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Cuentan los pueblos originarios que el Sol y la Luna eran hermanos que vivían juntos en el cielo y jugaban todo el día.
Un día discutieron por saber quién brillaba más y decidieron separarse: uno se quedó con el día y la otra con la noche.
Al ver que la tierra necesitaba de ambos, aprendieron a turnarse. Por eso el Sol calienta los cultivos y la Luna guía a los caminantes.
🌈 Moraleja: No hay que competir: cada quien brilla en su momento.